Somos desempleados, no parados. Buscamos empleo, que trabajo ya tenemos

l6wbuifsUna opinión de Miguel Rodero | Coordinador Provincial de IU Salamanca / “El paro aumenta en 44.685 personas en octubre” o “El número de parados registrados se sitúa en 3.764.982” son alguno de los titulares que hoy podemos leer en la prensa. Unos titulares que caminan de la mano de un uso distorsionado del lenguaje que trata de menospreciar, en muchos casos sin ser conscientes de ello, a quienes no tienen empleo.

Desempleo, desocupación o paro, hacen referencia coloquialmente a la situación del ciudadano que carece de empleo y, por lo tanto, de salario. Pero debemos ser muy conscientes del valor de las palabras y no permitir que nos confundan los términos “desempleo” con “paro”, ya que si bien el primero es una condición de no poder optar a un empleo remunerado, el segundo tiene connotaciones negativas sobre la persona, atañéndoles cierta caspa de vagancia, responsabilidad o dejadez, cuando la gran mayoría de ciudadanos y ciudadanas que no tienen un empleo remunerado es por un cúmulo de circunstancias de las cuales son como mucho corresponsables.

Paseando por la historia encontramos el “descubrimiento del desempleo” a finales del siglo XIX. Desde entonces a la persona que no trabajaba de forma remunerada se la tiene por holgazana. En su libro Idle Hands (Manos ociosas), el profesor John Burnett explica que hasta el siglo XIX muchos analistas ingleses “identificaban a los desempleados principalmente con los ‘inadaptados’ y trotamundos que dormían a la intemperie y deambulaban de noche por las calles”. Los años pasaron y el desempleo se constató como una gran lacra social después de la primera guerra mundial. La conciencia de este problema aumentó drásticamente con la gran depresión de 1929 y sufrió otro descalabro aún mayor como consecuencia de la crisis petrolera de los años setenta. Desde entonces hasta hoy hemos vivido la informatización masiva, la sustitución de mano de obra humana por mecánica… y la codicia de gobernantes y empresarios.

Pero sin descentrarme del asunto que hoy nos atañe, el verdadero problema reside en que muy a menudo se interpreta “trabajo” como sinónimo de “empleo remunerado”, pero sin embargo es un error que queda descubierto con estos ejemplos: ¿acaso no es un trabajo encargarse de todas las tareas de la casa para toda una familia? ¿o no es una trabajo cuidar a un hijo recién nacido 24 horas al día? ¿o encargarse de tu huerta? ¿o llevar a tus padres mayores al médico? ¿o participar en plataformas ciudadanas reivindicativas? ¿o en tu asociación vecinal?… pero sin embargo no tenemos remuneración por todas estas acciones, ni por muchísimas otras que demuestran que no estamos parados, que tenemos trabajo constante en base a obligaciones y responsabilidades, pero que lo que no tenemos es un sueldo por ejercerlas a pesar de hacerlo de forma absolutamente cotidiana.

Desgraciadamente conozco a muchos desempleados, pero os puedo asegurar que no conozco a ningún parado, a nadie que no ejecute sus deberes y responsabilidades.

No olvidéis que utilizar el término “paro” para referirse a no tener empleo remunerado, es un logrado intento del sistema para hacernos principales culpables, aludiendo a nuestro inmovilismo o pasotismo, de la situación a la que nos han empujado. No somos parados, somos desempleados que buscamos un empleo digno con un salario digno.

Y si comprendiéramos todo lo expuesto anteriormente estaríamos muy cerca de vislumbrar el corazón de la Renta Básica. Pero eso lo dejamos para otro día.

Anuncios